DEMOCRATIZACIÓN DE LA INNOVACIÓN

El desarrollo de nuestro país depende en gran medida de su poder de transformación positiva, es decir, de su capacidad para crear posibilidades. Sin embargo, rara vez se piensa en los servidores públicos y en los políticos como agentes creadores. La percepción colectiva sobre estas figuras, o bien es la de un burócrata ineficiente o la de un corrupto con muchos privilegios; un personaje ajeno a la sociedad.

Cuando se piensa en el desarrollo de México, en términos gubernamentales, solemos voltear a ver inmediatamente los mecanismos de índole federal, creemos que es donde se toman las grandes decisiones  y damos por sentado que nuestros gobiernos locales son la parte menos transformadora del proceso. Sin embargo, el papel que ocupan los gobiernos municipales es cada vez más relevante. Las problemáticas locales nos permiten entrever que existe un amplio crisol de realidades y que hay que atenderlas todas.

En esta atención hacia lo local, algunos académicos plantean la urgencia de integrar a la parte municipal el Servicio Profesional de Carrera aprobado en México en el 2003 con el fin de hacer cambios sustanciales en la administración pública. En teoría mediante estos filtros lograríamos reformar la calidad de los gobiernos locales. Sin embargo, habría que recordar que este mismo sistema con grandes virtudes en lo ideal, no lo ha sido tanto en la práctica y nos hace cuestionarnos si algunos líderes naturales, portadores de loables capacidades comunitarias deberían ser marginados de sus aspiraciones de servicio; generando oportunidades privativas  solo para las personas “más preparadas” académicamente, pero en algunos casos menos cercanos a los procesos particulares requeridos  para la resolución de problemas específicos.

Después de estudiar diversos casos, nos encontramos con la realidad de que la transformación en el servicio público municipal surge en buena medida de personas con una actitud de mejora puesta en práctica, a partir de conocimientos empíricos, una cualidad que les permite, a pesar de sus limitaciones, superar las barreras y los obstáculos que se les presentan, y así logrando implementar soluciones nuevas. Muchos de estos servidores están haciendo innovación pública y social, sin siquiera ser conscientes de esto.

En Cultus innovación creemos que un innovador público puede surgir de cualquier parte. La innovación no está necesariamente asociada con la educación formal, pero sí es requisito que esté estrictamente vinculada con el compromiso de sus metas, con la disciplina y la pasión necesarias para sacar adelante los proyectos, a pesar de la resistencia al cambio y el escepticismo del ambiente en donde se desarrollan. Pero… ¿cómo hacer que este pensamiento transformador de unos pueda permearse hacia otros tomadores de decisiones?

Algunos gobiernos implementan acciones para impulsar el sistema de profesionalización de los servidores públicos, mediante capacitaciones de mejora continua. Generan programas estructurados principalmente por medio de conferencias y cursos, sin que esto resulte tan relevante a nivel operativo. Finalmente, los procesos al interior de los municipios siguen siendo los mismos y poco cambian: modelos burocratizados y obsoletos, los cuales no permiten que nuestros servidores, una vez regresando de los cursos, puedan dedicarse a generar proyectos transformadores, olvidando su aprendizaje e iniciativa y envolviéndose en la urgencia de las operaciones del día a día.

Esto sucede porque la meta final no debe limitarse a la profesionalización de los perfiles, hay que ir un paso más allá. Deben ser las acciones concretas en beneficio de la ciudadanía las que nos ocupen.  Entonces, ¿cómo lograr que los pensamientos trasformadores pasen de la voluntad a la acción, de la ideación a la implementación y de la implementación a la evaluación?, ¿cómo concretar que los proyectos, reglamentos, mejoras en servicios, sistemas y políticas públicas mejoren exponencialmente para la vida de los ciudadanos?

Estas preguntas las han querido responder muchas personas, incluyendo instituciones educativas privadas y públicas, quienes en su expertise se pronuncian desde el ecosistema emprendedor como generadores de las grandes soluciones a los problemas que nos aquejan, logrando que los gobiernos pongan su parte construyendo infraestructura en las ciudades más importantes del país con laboratorios e incubadoras de talento, donde los emprendedores sociales generen las ideas de desarrollo y transformación. Es claro que un nuevo mundo está naciendo y cada vez se nos presenta de forma más evidente.

Paradójicamente los esfuerzos no están partiendo de la base. Estamos dando soluciones generales a problemas particulares. Este mundo naciente de los que estamos empujando para lograr un país innovador no debe olvidarse de mirar al México predominante, a ese México que no podemos desaparecer, por considerarlo abiertamente ineficaz para cumplir con las demandas de la sociedad. Debemos partir del conocimiento que tenemos en las múltiples realidades, donde no necesariamente unos son parte del problema y otros pocos de la solución.

Tenemos ciudades que podrían competir con el primer mundo y al mismo tiempo, otras   con carencias notorias, pero donde el pensamiento innovador (que no es lo mismo que “la innovación”) es la llave que logrará disminuir las brechas. Para esto debemos lograr crear la unión de las partes, como generadores de nuevas realidades, contemplando como factor de solución a quienes hemos considerado como parte del problema. Esto significa analizar y modificar nuestras relaciones de convivencia, gobernanza y educación. El punto es comenzar a vivir valorando la cultura de la integración, y no la de la segmentación. Para que la gente de cualquier lugar tenga la capacidad de aprovechar lo que tiene en el entorno, los recursos propios de su cultura, tanto en lo intelectual y como en lo social, permitiéndonos crear posibilidades y soluciones.

Esa es la grandeza del pensamiento innovador, ser una herramienta transversalmente capaz de convertir nuestros problemas en oportunidades de reinvención, donde no gana el que tiene todos los recursos, sino el que tiene la capacidad para aprovecharlos mejor. El primer paso en el camino para detonar el pensamiento innovador, es hacernos las preguntas correctas, cuestionamientos tan básicos y complejos como el siguiente: ¿Cómo podemos transformar la sociedad para llevarla a la altura de su potencial?

En Cultus innovación hemos creado una metodología de educación no formal para apoyar a los servidores públicos municipales. Partimos de seis simples pasos interactivos y prácticos con la finalidad de generar gobiernos con un enfoque centrado en el humano y la innovación como gestor de transformación:

1.- Diagnostico; el primer paso para resolver un problema es verlo

2. Visualización de oportunidades; “hay nuevas soluciones esperando ser encontradas. Pero para que esto suceda hacen falta personas buscándolas”

3.-Ideación; creamos posibilidades a partir de innovación estratégica.

4.- Legitimación; incentivar el trabajo en red y generamos esfuerzos articulados, generando espacios abiertos, transparentes.

5.- Implementación;  Los mexicanos somos buenos para imaginar y crear pero no para materializar, te acompañamos en el paso de concretar el proyecto de innovación.

6.- Evaluación; a partir de microevidencias generamos una evaluación del proyecto, validado democráticamente y mediante un índice de transformación social que detecta los sutiles cambios de comportamiento en un grupo intervenido. Siempre en la búsqueda de soluciones mejor implementadas. Y partiendo de que los procesos sociales son vivos y flexibles.

Estas nuevas herramientas y formas de enseñar, cambian la manera de generar ciudadanía. Transformando a la sociedad en términos colaborativos, coparticipativos y corresponsables.

Bessie Cerón

Líder de Proyecto en Cultus Innovación

Publicado originalmente en EMS Magazine.