¿Cómo medir la innovación?

Vivimos tiempos donde medirlo todo se está volviendo un acto imprescindible para cualquier actividad humana ¿cuántas calorías? ¿cuánta información? ¿Cuánto tiempo? ¿Cuántos recursos? ¿Cuánto? ¿Cuánto?

La innovación no está exenta de la medición y vemos autores que proponen distintos indicadores que nos llevan casi siempre al Retorno de inversión.

¿Cuánto voy a invertir? ¿Qué voy a ganar con esto? son las dos preguntas más frecuentes y las respuestas no siempre son tan obvias ya que varia en cada caso.

Para ponerlo en perspectiva debemos establecer métricas que nos permitan medir el éxito o fracaso no del lanzamiento, sino de cada paso, y lo que es más importante, debemos hacer coincidir estos indicadores con cada etapa del proceso Siendo muy simplistas debería ser de esta manera:

PROCESO:                                    INDICADORES

Generación de hipótesis.             ¿Cuántas nuevas propuestas genera tu equipo al año?

Investigación.                                ¿Cuáles de estas propuestas fueron relevantes para consumidor?

Desarrollo de prototipo.              ¿En cuáles vale la pena invertir? ¿Cuáles serán más rentables?

Evaluación.                                    ¿Cuál es el grado de aceptación?

Ajustes.                                           ¿Qué elementos debemos perfeccionar para motivar el uso o compra?

Lanzamiento.                                ¿Qué debemos potenciar para lograr un buen lanzamiento?

Rentabilidad                                  ¿Qué márgenes de utilidad nos está produciendo?

Este proceso puede tardar meses o años y entre mejor controlado esté mayores probabilidades de éxito. Un estudio realizado por Nielsen producto de 4 años de investigación sobre los pasos críticos para un lanzamiento exitoso, nos dice las empresas de consumo masivo gastan en promedio 15 millones de dólares por producto al año y tan sólo el 10% de los lanzamientos son exitosos. Habrá quien piense que es mejor no invertir si el riesgo es tan alto, nosotros recomendamos medir cada parte del proceso y no avanzar hasta confirmar que vamos por el camino correcto.

A partir de este análisis es que proponemos a los directores o empresarios que están pensando en innovar que en vez de iniciar con estas dos preguntas ¿cuánto voy a invertir? ¿qué voy a ganar con esto? comencemos un paso antes: ¿qué tan innovadora es mi empresa? ¿qué tipo de innovación es la que necesitamos en este momento? Esto nos llevará a recorrer el proceso con bases sólidas

1) ¿Qué tan innovadora es mi empresa?

El Índice Global de innovación 2016 nos dice que México se encuentra en el lugar 61 de 140 países, así que de antemano sabemos que no somos tan innovadores como pensamos. Otro estudio de América Economía nos dice que solo el 30% de las empresas en Latinoamérica cuenta con un departamento de innovación. Esto nos lleva a un punto que no siempre es tan obvio, si queremos ser innovadores debemos fomentar el pensamiento disruptivo, la forma de medir el índice global de innovación nos da una pista muy clara ¿Con qué infraestructura contamos para crear y qué tanto la estamos aprovechando?  Las ideas que cambian a las empresas no surgen de la nada, debemos contar espacios, procesos, personas, recursos, metodologías y sobre todo tiempo para generar cosas nuevas.

2) ¿Qué tipo de innovación necesita mi empresa en este momento?

Se sorprenderían al saber que no muchos directores tienen claro esto. Podemos comenzar diciendo que existe innovación visible e invisible. La visible es la que está ante los ojos de nuestro consumidor: productos, servicios, modelos de negocio, comunicación, etc. La invisible es lo que realizamos al interior de la empresa para crear lo tangible: procesos, sistemas, estrategias, etc.

Las empresas más innovadoras tienen un buen balance entre lo que su consumidor puede ver y lo que no, ya que si no sabemos manejar bien los procesos internos difícilmente podremos generar algo que rompa el mercado.

Resulta fácil para los líderes de las empresas decir que debemos innovar más, lo que no es tan fácil es saber en dónde y cómo. Siguiendo con el estudio de Nielsen nos muestra que las soluciones más frecuentes se agrupan en 3 categorías: derivados o extensiones menores de los productos actuales; innovaciones para disminuir costos en los proyectos actuales; y proyectos nuevos para la empresa pero no nuevos para el mercado. Queremos cambiar y terminamos haciendo lo mismo de siempre.

Pensar que el único indicador de la innovación debe ser el retorno de inversión es pensar de manera equivocada, sería mejor que cada empresa hiciera su checklist y estableciera sus indicadores de acuerdo al estado actual en que se encuentra.

Andrés Cedillo

Director General de Cultus Innovación

Publicado originalmente en revista NEO